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Perspectivas y desafíos frente a los estereotipos negativos sobre las mujeres migrantes venezolanas en Colombia

A través de 570 conversaciones establecidas con la comunidad migrante venezolana, colombianos retornados y población de acogida, procuramos entender cuáles son los principales retos que enfrentan las mujeres venezolanas al residir en Colombia. Así, la comunidad nos brindó ideas sobre cómo, desde las instituciones y la respuesta humanitaria, se pueden adelantar estrategias que apunten a mejorar el bienestar de la mujer en el marco de las disparidades de género.

Marzo es un mes clave para la conmemoración de aquellos avances que como sociedad damos hacia la equidad. Sin embargo, es también un mes crucial para visibilizar aquellas tareas pendientes en términos de goce de derechos y condiciones mínimas de vida de la mujer. Es por ello que decidimos conversar con la comunidad migrante venezolana, explorando la perspectiva tienen frente a la existencia de estereotipos sobre la mujer venezolana en Colombia e indagamos cuáles son las principales dificultades que ellas afrontan en el país, de modo que estas conversaciones se puedan convertir en ideas sobre el tipo de apoyo y asistencia que se hace funcional en contextos de profundas vulneraciones, trampas de pobreza y techos de cristal.


El 94% de la población migrante considera que existen estereotipos sobre las mujeres, entendiendo este estereotipo como preconcepciones negativas y generalizadas, así como poco sustentadas, de lo que es la mujer migrante. Este diálogo no buscó explorar el tipo de estereotipo para evitar la revictimización, sin embargo, los participantes transmitieron que los estereotipos se construyen en dimensiones de género, nacionalidad y niveles de ingresos. Esta discriminación tiene como principales efectos que las mujeres migrantes encuentren dificultades en:

  •  La búsqueda de ingresos formales para sus hogares, provocando desempleo prolongado o condiciones precarias de empleabilidad.
  •  Su salud mental, provocando cuadros de depresión y ansiedad no atendida por problemas de oferta local de servicios especializados.
  •  Acceso a contratos de arrendamiento en cuanto los estereotipos promueven una visión de inestabilidad financiera.
  • Se reduce el interés por parte de las autoridades para atender los reclamos y las denuncias de la población migrante.

En ese sentido, la población migrante venezolana solicita que las mujeres, ante todo, puedan disponer de ayuda económica (35.8%), obtener un empleo formal (21.7%), recibir apoyo para combatir la discriminación (13.3%) y acceder a la educación (11%).

Según la población migrante, en Maicao y Riohacha es posible observar una mayor dificultad económica por parte de las mujeres venezolanas, representando el 80.6% y 69.8%, respectivamente. Para mejorar su situación, se indica que la respuesta humanitaria debe apoyarlas con capacitaciones que les permita acceder a oportunidades de trabajo, capital semilla y herramientas para su negocio.

Encontramos una solicitud de apoyo más grande a lo que refiere a mujeres migrantes que se encuentran empleadas o procuran laborar, en Arauca (35.4%), Cúcuta (27.5%) y Bogotá (25.5%). La comunidad señala que requieren ayuda principalmente para acceder a sus derechos laborales y, poder participar en bolsas y jornadas de empleo. En las charlas compartidas con la comunidad, fueron constantes las denuncias u observaciones sobre las violaciones de derechos laborales apalancadas en el aprovechamiento de la situación de irregularidad.

Del mismo modo, la discriminación apunta como unos de los componentes que más impactan a las mujeres venezolanas en Arauca (19.8%) y Bogotá (19.1%); los estereotipos de funciones de trabajo orientadas por su género, la disparidad salarial frente a los hombres, sumado a la ausencia de canales para realizar denuncias o hacer reclamos, imposibilita muchas veces que las mujeres tomen acción. Esto, sin contar con el miedo que existe al denunciar, por creer que manifestarse disminuirá aún más la posibilidad de poder emplearse. 

Otro de los desafíos enfrentados que intensifica el ciclo de pobreza de la población migrante femenina, es la ausencia de asistencia con el cuidado de niños, en edad preescolar. La inexistencia de ese servicio – tanto a nivel comunitario como institucional – impide que las madres puedan dedicar más tiempo a la búsqueda de empleo o a su fuerza laboral, por lo que acaban encontrando como salida limitar sus actividades productivas a la informalidad, donde les es posible cuidar a sus hijos mientras trabajan. Esta es una necesidad que se presenta de manera más fuerte en Villa del Rosario (11.5%) y Bogotá (10.6%).

Con este escenario en mente, el rebusque es visto como la fuente de ingresos que les permite mantenerse alejadas de empleos abusivos, donde son discriminadas o empleos que impiden atender a sus hijos. Así, la comunidad migrante venezolana requiere que las instituciones y la respuesta humanitaria incluyan una perspectiva de género en su asistencia, comprenda las dificultades enfrentadas por las mujeres migrantes, para que estas organizaciones puedan ayudarlas a mejorar su calidad de vida en Colombia.

Accede a toda la información de nuestro estudio, aquí: https://www.kujakuja.co/sector-pulse/


Kuja Kuja es una organización internacional privada, legalmente constituida en Colombia con financiamiento y operación local desde el año 2019 gracias a USAID. Kuja Kuja facilita métodos y herramientas tecnológicas como solución para escuchar abiertamente la voz de las comunidades, así como el soporte tecnológico para el procesamiento de esas conversaciones, que permite comprender y actuar sobre las prioridades de la comunidad en tiempo real.

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